Volver a Max Aub y, concretamente a su Laberinto mágico, no es una cuestión de nostalgia ni reivindicación, ni siquiera una llamada de atención sobre un supuesto olvido, porque a partir de 2003, año en que se celebró su centenario con innumerables congresos, encuentros y publicaciones, la Fundación que lleva su nombre y a la que se puede acceder on line, mantiene a buen recaudo el inagotable legado literario del autor nacido en París en 1903, pero que vivió en España desde su infancia hasta que tuvo que “transterrarse” en 1939, para morir en México en 1972.
Max Aub es uno de los autores que tiene el rango de clásico. Su casi inabarcable obra literaria (narrativa, teatro, ensayo, poesía y escritos periodísticos) contiene elementos de interés de diversa índole, aunque, injustamente, la mayoría de sus comedias y dramas permanecen aún inéditas, es decir, no han sido representadas.
En el corpus de su narrativa destaca lo que él denominó el Laberinto mágico que está formada por Campo cerrado, Campo abierto, Campo de sangre, Campo del moro, Campo francés y Campo de los almendros. Todas estas novelas tienen un tema común: La guerra civil española.
Campo de los almendros comprende los últimos años de la guerra y primeros de la posguerra en Valencia y Alicante con el esquema similar al de la tragedia clásica: Unidad de acción, de tiempo y de lugar, que se adecúa a su materia narrativa, pero también tiene como referencia el mito del laberinto de Creta, porque dos de sus personajes, Teseo / Vicente Dalmases y Ariadna / Asunción Meliá son el hilo conductor de la trama novelística. Una historia de amor en medio del desastre y de la derrota que, en su encuentro, después de sufrir enormes vicisitudes se afirman en la vida.
La materia narrativa de Campo de los almendros se distribuye en tres partes. La primera describe a partir de los diálogos y conductas de los personajes las razones y sinrazones de la derrota, pero también cómo se enfrentan individualmente a sus vidas personales, sin que falte la reflexión, el sarcasmo y el ajuste de cuentas con los responsables del golpe contra el Dr. Negrín o con la política de Indalecio Prieto a través de un artículo inserto en la narración y escrito por el personaje Francisco Ferris, personaje que simboliza y sintetiza la dignidad republicana y que será asesinado por negarse a entregar su pluma estilográfica a uno de los guardianes, que quería arrebatársela a la salida del puerto de Alicante, donde se desarrolla la segunda parte de la novela y que abarca un tiempo de veinticuatro horas.
La encerrona histórica de este acontecimiento es más comprensible por un relato que contiene el drama colectivo de una muchedumbre, pero también los dramas y tragedias individuales.
Si en el drama de Samuel Beckett, los protagonistas esperaban a Godot, aquí esperan barcos para ser evacuados . Pero los barcos no llegaron. Y los vencidos que sobrevivieron –unos se suicidaron y otros fueron asesinados en el puerto de Alicante- fueron conducidos a un terreno denominado “campo de los almendros”, antesala de campos de concentración de cuyas vicisitudes la historia y el propio autor han levantado acta.
Max Aub volvió a España en el año 1969. Sus experiencias y sus penas de aquellos días están en su diario La gallina ciega. Sólo recordar uno de sus apuntes: “Nadie me preguntó por Paulino Masip, ni por Rafael o María Teresa. ¿Quién por Gaos –que acaba de morir- por Emilio Prados, o quién me pidió detalles de la muerte de Luis Cernuda?

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