"Odian al pobre. Odian al morocho. Odian a la mucama y al albaƱil.
Odian al villero y al que vive en los suburbios.
Odian a los bolivianos y a los paraguayos.
Odian a los homosexuales y las diversidades.
Odian a las mujeres que marchan contra el machismo.
Odian a los marginados y excluidos del sistema que cobran planes sociales.
Odian al laburante que protesta en la calle porque lo dejan sin trabajo.
Odian a las mamƔs luchonas y sus bendiciones.
Odian a los pibes que estudian en la escuela pĆŗblica.
Odian al docente que exige un salario digno.
Odian la voz popular cuando se manifiesta en voz alta.
Odian que cualquier otro irrumpa en su burbuja de privilegios, en su torre de marfil reservada para la Ć©lite, para los salvados de la patria, para quienes pretenden ser dueƱos de un paĆs que detestan.
Aunque canten el himno a los gritos y se emocionen, lo detestan, porque detestan a las mayorĆas.
Aunque griten los goles de la selección, aprovechan el humor racista, xenófobo, de clase, para comunicarse, para sentirse parte de la minorĆa con el real linaje patriótico. Vienen muy orgullosos de sus colegios privados de nombre anglosajón y tuitean con brutos errores de ortografĆa.
Se refugian en sus muy protegidos barrios privados y repiten el discurso de papÔ y su billetera forrada de timba financiera y evasiones millonarias, delincuentes de traje y corbata y estafas corporativas y muy patrióticas también.
SueƱan con un paĆs uniformado, donde la policĆa defienda sus posesiones y aniquile a la masa morocha, pobre, excluida, arrojada en la banquina de la pobreza.
No disimulan su odio: estƔn orgullosos de ese odio.
Ese odio los define. Ese odio los deja dormir tranquilos.
Odian a todos, excepto a la minorĆa como ellos.
Viven de inocular su veneno y de crecer burlƔndose del otro, del diferente, del paria que nunca pisarƔ su burbuja de privilegios.
Se creen dueƱos de un paĆs que detestan."
šš¢šš šØ ššš©š®š¬šØšššØ

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