Alberto Morlachetti decía que la pobreza era “una imposición que le pone a los pobres una pistola en la cabeza”.
Solía expresar esas sentencias con un tono de culpa que no correspondía, pero él repetía siempre que había podido salir de ese pozo, mientras que muchos de sus amigos de la infancia, de la vida en la calle, se habían quedado sin rumbo en el camino porque la dura realidad “les había saqueado las palabras”.
Siempre tuvo en cuenta los consejos escuchados en la infancia, en algunos casos de su madre , que le encomendó “tomar la mano de los pobres” cuando tuviera que enfrentar la dureza de la vida.
En otros momentos recordó a Antonio, su abuelo anarquista: “Los chicos transforman la naturaleza y las relaciones sociales” porque son “forjadores de derechos y de una nueva sociedad” más justa e igualitaria.
Fiel a legado de su abuelo, repetía que sin la niñez “es imposible que haya renovación humana”.
Por eso siempre confiaba en los chicos porque ellos “son como heraldos que traen algo nuevo.
Uno podrá pensar que es pensamiento mágico.
Y sí, la vida tiene pensamiento mágico y pensamiento científico.
La utopía de construir una sociedad más justa tiene mucho de pensamiento mágico”.
Fuente : Página 12.

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