Rescatar la memoria.

Rescatar la memoria.

13/2/14

"La lengua de las mariposas"- Manuel Rivas -

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 Rivas logra reflejar el progreso del Gobierno republicano en el campo educativo y la consiguiente represión por parte de los fascistas durante la Guerra Civil, que luego continuará durante los cuarenta años de dictadura franquista.
Ya desde los primeros meses, el Gobierno de la II República (proclamada el 14 de abril de 1931) le dio un gran impulso a la enseñanza primaria. Se crearon “6750 nuevas escuelas y 7000 puestos de maestros, cuyos sueldos aumentaron entre el 20 y el 40 por ciento”, además de lanzar misiones pedagógicas en zonas rurales con el fin de remediar el alto nivel de alfabetismo.
 El programa educativo de la República para la formación de los ciudadanos queda reflejado en la Constitución promulgada el 9 de diciembre de 1931, que establece la laicidad, gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria. La educación y la cultura quedan ahora en manos del Estado, desarmando el monopolio que había establecido la Iglesia .

El texto de Rivas ejemplifica el cambio educativo al comparar las experiencias escolares de los mayores y la vivencia de Moncho: “Cuando era pequeñajo, la escuela era una amenaza terrible. Una palabra que se blandía en el aire como una vara de mimbre." 

Para Moncho, rápidamente son evidentes las diferencias entre los relatos de su padre y su propia experiencia, entre las arcaicas maneras de enseñar y el nuevo proyecto encarnado por don Gregorio: “Pero lo más increíble fue cuando, en medio de un silencio absoluto, me llevó de la mano hacia su mesa y me sentó en su silla” ....
 Esta simple acción nos remite a un cambio en la relación docente-alumno, a otra forma de concebir la autoridad en la trasmisión del conocimiento. Es menester destacar que la clásica disposición de los alumnos en sus pupitres, mirando al frente, prestando atención al docente, quien está sentado detrás de su escritorio, responde al llamado modelo de enseñanza simultánea, el cual posee una matriz eclesiástica. Entonces, el cambio de enfoque en la enseñanza y el aprendizaje que se da en estos años es representado en el texto a través de este simbólico trastocamiento de la organización espacial del aula.
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Quizás la más grande sorpresa que se lleva Moncho es que en la clase de don Gregorio no existen los castigos físicos: “No, el maestro don Gregorio no pegaba. Al contrario, casi siempre sonreía con su cara de sapo” .
 El autoritarismo, la disciplina, el castigo, el ordenamiento, el “magiocentrismo” son rasgos fundamentales de la escuela tradicional, de la cual el padre de Moncho fue alumno. Don Gregorio se aleja de este modelo de pedagogía y se acerca mucho más a los lineamientos de la Escuela Nueva , que valoriza  la infancia, intenta potenciar la libertad y la autonomía del alumno, y apunta a formar personas con pensamiento crítico y creativo.

Entonces, institución educativa y violencia, escuela y autoritarismo no se configuran en la misma ecuación durante la experiencia de Moncho. En la estructura del relato, la violencia se hace presente a partir de “aquel día de julio de 1936” cuando “algo extraño estaba sucediendo” .
 Si durante la Guerra Civil el bando sublevado ya sistematiza el terror, cuando tome el poder, la violencia se institucionalizará.

A partir de este tipo de escenas, el relato reconstruye la memoria de todos los maestros que se comprometieron con la reforma educativa que llevó adelante la República.

 Se establece entonces una historia de las ideas: don Gregorio y la política educativa de la República no surgen de la nada, sino que se incluyen en una tradición de laicismo, racionalismo y humanismo.
“[Los maestros] son las luces de la República” , sentencia el padre de Moncho, metáfora para nada exagerada si se tiene en cuenta que había zonas de España donde el analfabetismo alcanzaba entre el treinta y el cincuenta por ciento, metáfora que posiciona a la avanzada educativa como la guía, como la brújula que marcaría el camino hacia un nuevo proyecto de país.

Narrar para recuperar la historicidad, narrar contra la impunidad.

Los docentes fueron uno de los colectivos sociales más perseguidos por los insurrectos durante la guerra. El simple hecho de ejercer la docencia era causa suficiente para ser considerado una amenaza para los fascistas.

 Luego, la dictadura de Franco iniciará un proceso de “depuración” de todos los organismos del Estado, y las instituciones educativas no fueron la excepción:
Los cuerpos de funcionarios y los colegios profesionales fueron limpiados uno por uno. El mayor rigor cayó sobre el abultado cuerpo de maestros, más que nada sobre los ingresados durante la República, tenidos en principio por desafectos. Las comisiones depuradoras los destituyeron y los encausaron. En la barrida de maestros, la Iglesia desempeñó un papel activo por su deseo de eliminar de las aulas a competidores.

La dictadura consideraba que los maestros habían sido los responsables de haber inoculado en la sociedad y en los jóvenes “el virus republicano”. Tras el final de la guerra, aproximadamente 60.000 maestros fueron depurados del Magisterio Nacional.

La Transición española (1975-1982), presentada ante el mundo como un “paradigma” de la madurez política, se construyó sobre el olvido y la impunidad. El olvido oficialista sobre la Guerra Civil y la posguerra fue la condición pactada para la democratización, “ocultándose así la realidad de los vencidos en el año 39 y su carácter de víctimas del régimen instaurado por el general Franco” (Izquierdo, 2000/2001: 104).
 El pacto de silencio de la Transición, la negación de la reflexión sobre el pasado, se desarrolla en un marco ideológico y económico a escala mundial: el conformado por el neoliberalismo y el postmodernismo. 

Caudet (2006: 48-49) explica que las situaciones traumáticas generan un impulso de narrar, una necesidad de recordar. El impulso, la necesidad de narrar/recordar se configura para el sujeto y para la sociedad como un imperativo ético, social y psicológico. Reconstruir e interpretar los pasados traumáticos narrando y recordando es fundamental para conocer las heridas e idealmente superarlas. Desde luego, lo que se espera es que simultáneamente a esta acción de recordar/narrar se lleve a cabo los procesos judiciales correspondientes para identificar y juzgar a los responsables directos e indirectos.

Sin embargo, a menudo se frustra el impulso de recordar/narrar y, obviamente, la búsqueda y el juicio a los responsables. La Transición española, el pensamiento único del neoliberalismo, a través del pacto de silencio y de la relativización del conocimiento histórico, quebrantaron el orden de la narración y de la memoria individual y colectiva.


La escuela fusilada

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Con la llegada de la República cristalizan en la escuela "proyectos pedagógicos progresistas e interesantes que tomaban como modelo formas de enseñanza que se ensayaban con éxito en América y en Europa", explica el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca Francisco de Luis Martín. 

Hubo rigurosos programas de formación para los maestros que les convirtieron "en una de las mejores generaciones de docentes que ha tenido España".Viajaban al extranjero y conocían la educación de otros países. El Plan Profesional de la República les reservaba una plaza al acabar su formación.

 La dictadura fusiló aquella escuela, resentida ya con la guerra. Los nacionales se encargaron de "aniquilar la semilla de Caín", como propugnaba el entonces obispo de Salamanca, Pla i Deniel. Y los republicanos defendieron su ideología en las aulas. "Tenían que ganar la guerra", explica el historiador Francisco Morente Valero. "La escuela  republicana fue una escuela más plural, precisamente por el pluralismo del gobierno. 

 Aquellas enseñanzas sólo tenían en común el espíritu antifascista", explica Morente.Y los maestros republicanos lo pagaron caro. La depuración durante y después de la guerra dejó unos 15.000 expulsados y unos 6.000 sancionados. Lo menos grave es que estuvieron 18 meses sin cobrar. Tampoco la universidad se libró del "atroz desmoche" que despojó a muchos de su trabajo para colocar en sus puestos a los afectos y ascender en el escalafón académico. Jaume Claret, historiador de la Universidad Pompeu Fabra, cita el fusilamiento del rector de Oviedo, hijo de Leopoldo Alas, o del rector de Granada, discípulo predilecto de Unamuno, entre otros.

La asturiana Hilda Farfante presenta en Oviedo la historia de las maestras de la República, Goya al mejor documental

«Las piedras no hablan, pero sí guardan los gritos». Lo dice la asturiana Hilda Farfante Gayo, que ayer presentó en la sede ovetense de UGT, ante una sala abarrotada, el documental 'Las maestras de la República', en cuyo metraje se da a conocer también la historia de su familia. El pasado domingo, el trabajo firmado por la directora Pilar Pérez Solano se hizo con el Goya a mejor documental por «mostrar el simbolismo del proyecto de enseñanza de la época», a juicio de la Academia del Cine. Ayer, una fecha especial al coincidir con el 125 aniversario del nacimiento de Clara Campoamor, la sede autonómica de UGT acogió la proyección de la cinta.
A esta maestra retirada y natural de Besullo, también le pertenece un trocito del Goya. Su historia comienza con los primeros primeros embates de las tropas franquistas en la Asturias republicana. El 9 de septiembre, su madre, directora de la escuela de Cangas de Narcea, es asesinada. Dos días después, lo es también su padre, primo carnal de Alejandro Casona. Todo ocurrió cuando Hilda apenas tenía cinco años. «Por fin la historia de mi madre, como la de otras tantas mujeres, sale a la luz y llega a las escuelas, que es donde tiene que estar», explicó Farfante, emocionada y feliz al mismo tiempo. «Llevo muchos años gritando para que se sepa la verdad de la guerra, pero siempre creí que solo me escucharían los montes de mi tierra», afirmó, al tiempo que bromeaba con el «honor» de tener un Goya en casa.
En 'Las maestras de la República', un proyecto de FETE-UGT y Transit Producciones, se pone nombre, voz y cara a muchas de las mujeres que dieron literalmente su vida por la enseñanza. En su metraje, se ve un modelo de mujer que «aportó color e ilusión a España», explica Luz Martínez de Ten, secretaria de Políticas Sociales del sindicato. Para ella, el documental es «una puerta abierta a la memoria».
 Una parte de la historia de España marcada por el riesgo de sumar a la sociedad instruida, los primeros empujes de las mujeres modernas, aquéllas que vestían falda y portaban melenas, y cuyo cóctel no era del agrado de las tropas nacionales.
En aras de la educación, la labor didáctica de principio de los años 30 destacó «por hacer de ella un bien público, obligatorio, laico y sin distinciones sociales». Una instrucción que no sólo llegaba a los niños, y de la que también se hacían eco los obreros y el resto de mujeres, en una sociedad en la que estrenaban derecho a voto. «El ejemplo de educación republicana, y todo lo que ha venido después, sirve para demostrar que no siempre vamos hacia adelante», sentenció Justo Rodríguez Braga, secretario general de UGT Asturias en la presentación.
El trabajo documental premiado lejos de quedar en el olvido trabaja ya en su segunda parte. En ella, sus responsables prevén adentrarse en los métodos pedagógicos y en muchos casos de docentes que abandonaron su España natal para exiliarse en América.

Soy los que ayer fueron.


"Escribo para que no se filtre el olvido"
M. Rosencof

Algún día volveremos
como antaño
a caminar
por las veredas
de la infancia.
Habrá resurrección
en las esquinas
y volverán a ser 
nuestras viejas
recordadas cosas.



Siento en mis huesos
los huesos
de aquellos
que fueron.
En mí 
esqueletos
son,
somos
lo que soy,
soy
los que ayer
fueron.

Mauricio Rosencof