Oswaldo Guayasamín.
Al pie de las sementeras y casi sin advertirlo
descienden desde los cerros
donde una vez fueron niños
acurrucados en flores y pintados de tierra
emergen ante los ojos,
nuestros hermanos indios
Aman transmutados bajo la piel cicatrizada
y desnudos cruzan el umbral de la vida
que algunos esquivan
pretendiendo ser otros
sin saber que a la vez,
todos somos lo mismo
Mas ellos no claudican
su condición humana.
Resistentes al sol y a la lluvia,
al oprobio y las discriminaciones.
Ríen sin ser viejos o jóvenes,
sin edad o sin canto. La melodía es su alma;
luego escapan precoces
hacia el verdor del viento
cabalgando sobre el potro de la luna
y soñando un sol de místicos ancestros.
Justo Aldú.

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