Conocí a algunos de los sobrevivientes de La Noche de los Lápices en el juicio a Etchecolaz.
No podía dejar de pensar no solo la edad que tenían cuando fueron secuestrados, sino el enorme compromiso militante de esa generación desde tan jóvenes.
Hoy, a 44 años de esas jornadas, mi abrazo especialmente en este día a Marta Ungaro, hermana de Horacio, uno de los jóvenes desaparecidos.
Compartimos con ella la lucha por memoria, verdad y justicia.
Los lápices siguen escribiendo en las manos de la juventud que lucha.

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