“(...)Siempre cuento que cuando empezabas a hablar de tu querido Delta, el paisaje de las islas y del Paraná comenzaba a dibujarse en tus ojos y tus manos hacían gestos como si manejaras el timón. ¡Cuánto te admiré al leerte! Cuando supe tu muerte quedé en silencio durante horas. Y te vi remando por el Delta hacia el gran río ancho y por allí desaparecías entre sus brumas. Pero quedarán tus libros, Haroldo, tus libros. Meterse en ellos es meterse en la vida plena.
Fuiste un poeta, un escritor, un hombre del río y de la tierra. O para que te guste más, un hombre de las islas. Pero de las islas con habitantes, y a ellos pertenecías con tus luchas y tu mano abierta...”.
Osvaldo Bayer

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