"...la dignidad se hizo carne,
las máscaras se desvanecieron."
Manuel Vicent.
" No hubiera sabido a quién atribuirle semejante desliz de principiante.
Ella, toda una profesional del refinado gozo a golpe de talonario,
y de algún otro, no tan elegante, que la cosmética de alta gama
se ocupaba de escamotear a los ojos de aquella bendición de criatura.
Gajes de un oficio tan antiguo como el mundo,
pero más cornadas da el hambre;
y quería que su hijo se criara como un príncipe.
Así que ajustaba su jornada laboral al horario escolar del pequeño
y el resto lo dedicaba a él en cuerpo y alma.
La ropa más bonita, la habitación más luminosa,
los mejores pediatras, la mejor guardería,
el mejor colegio... y el mejor de los amores.
Y como los críos son como son, un buen día
el cura de religión le espetó, con aviesas intenciones,
mientras le acariciaba la mejilla: «-Y tu madre a qué se dedica?».
«-Es puta, señor, bien lo sabe usted», respondió más chulo que un ocho.
Y desde aquel día la dignidad se hizo carne,
las máscaras se desvanecieron
y el mundo se convirtió en el mejor de los posibles.
El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla."
Manuel Vicent.

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