como si enviara un grito de socorro en conmiseración del desdichado cargamento que iba destinado a la perdición.
Entonces el tren hizo una maniobra, nos acercábamos sin duda a una estación principal.
Y, de pronto, un grito se escapó de los angustiados pasajeros: "¡Hay una señal, Auschwitz!"
Su solo nombre evocaba todo lo que hay de horrible en el mundo: cámaras de gas, hornos crematorios, matanzas indiscriminadas.
El tren avanzaba muy despacio, se diría que estaba indeciso, como si quisiera evitar a sus pasajeros, cuanto fuera posible, la atroz constatación: ¡Auschwitz!"
Viktor Frankl.
De: "El hombre en busca de sentido."

No hay comentarios.:
Publicar un comentario