"Ahí están, hormigueando entre las plantas verdes, con sus caras oscuras, sus ropas remendadas, sus manos ennegrecidas: la muchedumbre de los tareferos.
Hombres, mujeres, chicos, el trabajo no hace distingos.
En un yerbal alto como éste, el jefe de la familia trepa al árbol y con la tijera poda las ramas que su compañero y su prole cortan y quiebran en un movimiento incesante, separando la hoja del palo y amontonándola en las ponchadas -dos bolsas abiertas y unidas- que cuando estén llenas se convertirán en ‘raídos'.
No hay apellidos exóticos entre ellos.
El tarefero es siempre criollo, misionero, paraguayo, peón golondrina sin tierra".
Rodolfo Walsh
Hombres, mujeres, chicos, el trabajo no hace distingos.
En un yerbal alto como éste, el jefe de la familia trepa al árbol y con la tijera poda las ramas que su compañero y su prole cortan y quiebran en un movimiento incesante, separando la hoja del palo y amontonándola en las ponchadas -dos bolsas abiertas y unidas- que cuando estén llenas se convertirán en ‘raídos'.
No hay apellidos exóticos entre ellos.
El tarefero es siempre criollo, misionero, paraguayo, peón golondrina sin tierra".
Rodolfo Walsh
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