"Seguir pensando en polaridades arcaicas, al modo de: democracia o dictadura; la guerra o la paz; estado ausente o estado presente; república o anarquía; menta o anís; bizcochuelo u hojaldre, por citar algunas, nos entretiene pero para esa industria del entretenimiento está Hollywood.
Y Steven Spielberg no es candidato, al menos todavía.
Lo que tenemos que debatir es el fundante del estado, no para conocerlo, sino para disolverlo. Tanto el social cristianismo como la social democracia verán en esta propuesta el azufre anarquista y ácrata.
Aún en nuestras escuelas públicas se sigue enseñando que la familia es la base de la sociedad.
Sutil forma de inocular el pensamiento represor de que la sociedad es una familia.
O sea: una organización jerárquica.
Un orden natural donde alguien tiene que mandar y muchas y muchos tienen que obedecer.
Mandar es someter, y la violencia familiar, la violencia de género, los “accidentes” de tránsito, la atrocidad de la trata, el hambre que es la eutanasia más cobarde, la inseguridad, el feminicidio, son analizadores de la Violencia Estatal encubierta que sólo vemos y deploramos por sus lamentables efectos.
Por lo tanto, alejo de mí el cáliz de la lucha por sostener un Estado Benefactor.
Creo que es otra de las formas en que la sangre derramada está siendo negociada.
Pienso y deseo en una forma de organizante que no es lo mismo que organización, incluso es lo opuesto, que denomino “colectivo de colectivos”.
Lo aprendí en el Centro Cultural América Libre de Mar del Plata. Colectivos que son grupos con vocación y práctica de poder. Lo cual implica tomar el poder pero no para emborracharse con él. Apenas para propiciar la formación de colectivos (asambleas populares, cooperativas de trabajo, asociaciones civiles de trabajadores y usuarios, centros comunitarios) que sostengan ese organizante: colectivo de colectivos.
La concepción amplificada de la autogestión como lo intentó la Segunda República Española y que fue arrasada por los ejércitos fascistas ante la mirada benévola, crédula y cómplice de las social democracias y los social cristianismos.
Al mandato del Estado Benefactor le opongo, con menos fuerzas de las que deseo, y confesando que coraje no me sobra, el deseo de la Autogestión Popular.
Un mundo sin amos ni patrones, laicos o religiosos, no sólo es posible sino que es absolutamente necesario.
En algún momento, que espero que vuelva, la constituyente social apareció como un organizante del colectivo de colectivos.
Y entonces, la cultura represora y su más sacro fetiche, el estado benefactor, serán una historia para ser contada, pero no más para ser vivida.
Y otra vez le habremos ganado a todas las formas de la muerte."
Fragmento del artículo publicado con fecha: 14 - 03 - 2014-
Fragmento del artículo publicado con fecha: 14 - 03 - 2014-
Alfredo Grande

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