Fernando Alonso Abad (periodista y preso político vasco.)
* Cárcel de Mansilla
He oído decir que los jóvenes de Haika cantaban en los calabozos de la Audiencia Nacional mientras esperaban ser conducidos ante Garzón. No he podido evitar imaginarme la escena porque me ha parecido la imagen más hermosa de nuestra juventud. Hermosa y representativa del carácter abertzale y del alma vasca. Ya se ha quedado corto aquello de que somos un pueblo que ríe, que canta y baila a ambos lados de los Pirineos. Ahora la juventud vasca extiende su impronta hasta el bajo vientre mismo de la represión española. Y canta, incluso en los sótanos de un tribunal especial; al tiempo que espera. Y mientras, unos pisos más arriba afilan leyes extranjeras para cortarles las alas. Canta cuando merodean buitres de pluma babosa que ya los han condenado a la hoguera desde sus porquerizas mediáticas. A pesar de todo ello, la juventud abertzale canta.
Es el futuro el que se manifiesta cantando. Porque hay rabia generadora de luz y poesía; rabia que recrea universos de futuro en sus lenguas de fuego, que hace tiritar la esperanza en las chispas que saltan de su energía creadora.
Rabia de sueños y de vida. Rabia de canto. Canto de futuro; que está costando parir pero que esta juventud que canta irreverente en los calabozos a buen seguro que dará a luz.
Y está la rabia pútrida de la impotencia. La rabia de quienes odian todo aquello que les recuerda la dignidad de la que ellos carecen. Rabia mezquina de resentidos que como no soportan la luz arremeten contra ella. Rabia que hiede.
Rabia que no sabe cantar, que desafina. Rabia asesina de sueños y de vida. Contra esa rabia jóvenes de Haika prisioneros cantaban. Cantaban igual que hace casi tres décadas en Chile todo un estadio de presos cantaba contra el fascismo desafiando el dolor y el miedo. Cortaron las manos a Víctor Jara pero su guitarra siguió, y sigue sonando sola. Cantaba futuro y el futuro canta solo. No hace falta que nadie taña sus cuerdas porque tiene su propia melodía de luz.
Muchachas y muchachos de Haika cantaban y más arriba había un juez que tejía su tela de sombras con hilo de araña de camada negra. El aroma a perfume caro que desprende su despacho seguramente sellaba la estancia. Abajo esperaban conocer la suerte que a medida les diseñaban; y, sin embargo, el futuro seguía cantando.
Es un orgullo tener una juventud dispuesta a quemarse por encender un nuevo amanecer, que se atreve a cantarle a la bestia en su vientre, que desafía el miedo generando energía de futuro desde la ebullición de su sangre. Es un orgullo para Euskal Herria tener jóvenes ; la garantía de que este pueblo hoy, mañana o pasado será libre, inevitablemente libre. El compromiso de la juventud abertzale por Euskal Herria y la libertad será capaz de hacer brotar la primavera incluso en el más crudo de los inviernos.